El mercado electoral: ¿comprando al “por mayor”?

La propaganda electoral, a medida que nos acercamos al 9 de abril, se sigue multiplicando. Las ciudades mutan sus paisajes naturales por infinitos carteles multicolores. Enormes caras sonrientes empiezan a crecer en cerros y avenidas. Frases esperanzadoras aparecen en las fachadas. Otras más mundanas penden de los postes. Todas representan la justicia social y el cambio. La honestidad y el rechazo a la corrupción. Qué gran cosa: ¡es una propaganda que nos muestra lo que queremos ver!

¿Qué diferencia las elecciones de hoy con las de hace más de 20 años? Pues, como dice el cantautor cubano Silvio Rodríguez, “nada es lo mismo, pero es igual”. Por un lado, una ciudadanía que reclama cambios radicales, pero que sigue premiando con su voto las caras sonrientes y el recurso fácil, acaso también la creatividad. Según el último sondeo de Apoyo sobre la composición del próximo Congreso, las figuras sempiternas de los partidos “tradicionales” seguirán ocupando una curul. Ojo: no me acoplo al discurso facilista de los que atacan lo tradicional o lo profesional, sino que pongo en evidencia esa incoherencia entre lo que parece arrojar la opinión en las calles (“queremos caras nuevas”) y la acción resultante (Judith de la Mata y compañía un quinquenio más en el Parlamento). ¿De qué estamos hablando, entonces?

A un estímulo sensible, una respuesta sensible. La publicidad es eso, pero puede ser más. También puede resumir con inteligencia una propuesta clara, que diga algo; no una promesa etérea convertida en rima, o una apelación a logros poco trascendentes a lo que será su desempeño político (“4 veces campeón mundial de karate”, “candidata de talla mundial”, ¿les suena?). El curso de la irracionalidad parece dominarnos, mientras seguimos enarbolando el discurso contundente del “basta, no podemos seguir así". Como en el amor, sabemos la teoría del “deber ser”, pero caemos rendidos ante la seducción de un mensaje bonito. Es también, parte de esa necesidad de creer, de renovar nuestra fe en algo o alguien, pero...

En términos publicitarios el candidato viene a ser un producto: se dirige a un segmento de consumidores que dirá si sus características son suficientes para su compra. No olvidemos, bajo esa lógica, quién es el cliente: el que decide, finalmente, si lo que el producto parece ofrecer es lo que realmente estamos buscando. Ayudemos a formar consumidores más racionales. Denunciemos si el contenido no corresponde a la envoltura. No compremos al por mayor algo tan importante. Cuidado que, al menos por cinco años, no se aceptan devoluciones.

3 comentarios:

Sandro Medina Tovar dijo...

Interesante nota, y más bien deberían chequerla los asesores de Valetín Paniagua, pues tenían entre sus manos a un candidato que lo podían explotar sobremanera...

Saludos,

Letra Suelta

Rodrigo The Runa dijo...

Interesante punto de vista. Y a propósito de productos defectuosos: El destacado psicoanalista Jorge Bruce publicó en la revista Somos del 1 de Abril un interesantísimo comentario en el que advierte sobre los síntomas de "desconexión psicopática de nivel alto" del candidato Ollanta Humala. El artículo está disponible en Nómina de huesos

Roberto Iza dijo...

Recuerdos