Taxi cab confessions - 1

Digno Señor:
Un litro de sangría Tabernero quedó corto para hablar (o rajar) de amor con un amigo. Quedó corto para explicarnos qué les pasa, qué nos pasa, y por qué a nosotros, que somos, por lo demás, excelentes muchachos: Pobres pero honrados (como el matutino de Pelotillehue). Y eso que nos limitamos a contarnos y recontarnos nuestra últimas experiencias en el rubro, todas ejemplos tangibles de lo azaroso del destino. “Todo está escrito”, dicen; “seguro, pero por un ágrafo”, digo yo.
De vuelta a casa. Soportar a un taxista-analista que insistía en que le comente mis impresiones de la política, para luego rematarla él con un monólogo que duró toda la Javier Prado y cuatro cuadras de la avenida Gálvez Barrenechea (¿por qué le dicen “Principal”?).
- Para que no se aburra, señor, le diré, pues, que todo es una mierda.
- Usted lo ha dicho. La política es como el amor- bromeé.
- ¡Claro, pues! Porque en las dos cosas, para triunfar, hay que tener suerte y cojones, ¿no? - dijo riendo mucho.
- Bajo pasando el arbolito, por favor.

Quedo de Ud.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No suena tan mal lo que dijo el taxista-analista. Yo aporto otra: en el amor y en la política, los pendejos ríen primero, pero no mejor.
Cal.

mapplethorpe dijo...

Diría mejor que hay que ser un pendejo y hacerse el cojudo,poruqe de ellos es el reino de Dios... lamentablemente.

Onophrius dijo...

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